HISTORIA DE UN RÉCORD

 

En 1931 Chuhei Nambu (Japón) había establecido el Récord del Mundo de Longitud en 7m. 98 cm.

 

El primer atleta que superó los 8 metros fue Jesse Owens (EEUU) en 1935 [Foto 1]. Owens lo logró con un único intento, pues tenía poco tiempo entre dos pruebas de velocidad. Tras una carrera rapidísima de 35 m. sobre un pasillo de césped muy corto y con una técnica primaria, saltó 8 m. 13 cm.; un récord que duró 25 años.

 

En 1960 Ralph Boston (EEUU) [Foto 2] consiguió batir el récord de Owens. A diferencia de éste, Boston no era un sprinter pero tenía una técnica muy depurada. Tras saltar 8 m. 21 cm., declaró: “Owens me había dado permiso para batir su récord. Empezaba a ser muy viejo”.

 

Entre 1960 y 1967 se mantuvo una intensa pugna entre Boston e Igor Ter-Ovanesian (URSS) [Foto 3] que supuso la mejora o igualación del récord 8 veces, hasta llegar a los 8 m. 35 cm. La técnica del soviético era casi perfecta. Ambos ostentaban el récord empatados antes de los Juegos Olímpicos de México (1968).

 

 

En la final olímpica de México se produjo una conmoción mundial. Robert Beamon (EEUU) llegaba con una mejor marca de 8.33. Ciudad de México está a 2.250 m. de altitud, lo que favorece los saltos. Antes de la final hubo una tormenta y tras el chaparrón se acumuló mucha electricidad estática en el ambiente. Soplaba un viento favorable de 2 m./seg, ¡justo al límite permitido!. Se daban las condiciones perfectas.

 

Boston alababa la potencia abdominal de Beamon: “Puede mantener las piernas en alto indefinidamente”. En el 4º intento, Beamon se elevó a una altura de 1.78 m. (en una ocasión había llegado a 1.95) y aterrizó más lejos del alcance de los medidores electrónicos. Los jueces tuvieron que sacar la cinta métrica y dieron el nuevo récord: 8 m. 90 cm. La imagen de ese salto forma parte de la galería de la historia del deporte mundial [Foto 4]. Beamon exclamó: “Decidme que no es un sueño”.

 

Bob Beamon abandonó pronto el atletismo, perseguido por el fantasma de aquel salto. Parecía que nadie lo superaría hasta el siglo XXI. Pero no hubo que esperar tanto. En 1991 en Tokio, en el Campeonato del Mundo, la dura rivalidad entre Carl Lewis (EEUU) [Foto 5] y Mike Powell (EEUU) [Foto 6] produjo la más increíble serie de saltos jamás vista en un estadio.

 

Powell, que saltaba antes, consiguió: 7.85 – 8.54 – 8.29 – nulo – 8.95 (+0.3) – nulo. Por su parte, Lewis: 8.68 – nulo – 8.83 – 8.91 (+2.9) – 8.87 (-0.2) – 8.84. Lewis no podía creerlo: había realizado cuatro saltos sobre 8.80, uno incluso superior al anterior récord... ¡y no había podido ganar!.  Ver: video del concurso

 

Powell, con ese fabuloso 5º salto, logró a la vez el título y el récord mundiales y puso fin a diez años de victorias ininterrumpidas de Lewis. Hoy nadie se acerca a esos registros. Pero algún día veremos dar otro “empujón” a este récord que ha progresado a base de saltos prodigiosos.